Nuevamente el rugby argentino nos deja una enseñanza: «en el rugby no puede haber caciques o dueños del balón so pena de provocar el auto aislamiento»
La elección que consagró al tucumano Luis Castillo como el primer presidente en la historia de la UAR que llega desde el Interior, terminó de convulsionar a la poderosa Unión de Buenos Aires, que ahora corre el riesgo de quedarse sola en el mapa rugbístico argentino.
Esa misma noche, la URBA llevó a cabo una reunión de presidentes de clubes en la cual se trataron dos temas centrales: la evaluación de la gestión que terminó en derrota en la UAR, y cuáles serían los pasos a seguir con respecto al Campeonato Argentino que se realizará en abril, y en el cual el resto de las Uniones ya avisaron presentarán a los jugadores que integran el Pladar.
Con respecto a éste último punto, hay que prestar mucha atención de aquí en más a la posición que tomarán los jugadores de Buenos Aires. Ya hubo una reunión de la que participaron no sólo estos rugbiers, sino también los Pumas que están en Europa (de paso por aquí para pasar las Fiestas), referentes del seleccionado y el cuerpo técnico.
Hasta aquí, los jugadores mantuvieron silencio y aguardaron que desde la URBA se dé marcha atrás con la resolución de no dejarlos actuar en sus clubes desde el 1º de enero. Como eso difícilmente fuera a ocurrir (y así fue), al menos antes de esa fecha, trascendió que la idea es juntar firmas para presentar una especie de solicitada pidiendo que los dejen jugar. Y no descartan, siempre según fuentes bien informadas, otras acciones, incluso ante la Justicia.
Algunos jugadores, caso Agustín Creevy, ya salieron a decir públicamente que sería injusto que no los dejen actuar en sus clubes. Y el resto seguiría la misma línea. La idea es presionar en busca de un cambio de opinión de los dirigentes, algo parecido a lo sucedido en 2006, cuando Los Pumas se enfrentaron a la entonces conducción de la UAR, con solicitadas y amenazas de huelga.
Está claro que el Pladar, lanzado en el verano por la UAR, ha dejado en una encrucijada a la URBA, que a partir de ahí ingresó en un camino espinoso que, resultados a la vista, terminó de minar la posibilidad de tomar nuevamente el poder del rugby argentino. Un ejemplo a tener en cuenta.
La reunión fue más que agitada. Saltaron a la escena las diferencias que existieron en estos últimos meses entre los directivos de la URBA y la comisión que llevó adelante las frustradas negociaciones con los representantes del resto de las 23 Uniones.
No fue el mismo el discurso del presidente Néstor Galán que el de los cinco miembros de la comisión de la URBA. Uno pidió consensuar; los otros, no cesaron en sus reclamos de mayoría en el Consejo (hasta plantearon ampliar los miembros de 12 a 14) y terminaron solos, forzando la presentación de dos listas.
Tampoco es casual que Galán no haya estado en la asamblea extraordinaria. Su lugar lo ocupó Cristian Miguens, del Club Universitario de Buenos Aires, en su carácter de apoderado de la lista que perdió por 280 votos a 190. O, más contundente, por 23-1, si se cuentan sólo las Uniones.
Entre otras cosas, Buenos Aires debería revisar porqué no contó con el apoyo ni siquiera de una de las Uniones del resto del país. Es más: la URBA no sólo quedó en minoría en el Consejo. Al renunciar Galán como segundo vocal e ingresar el primer suplente, perdió un cargo más. Y es probable que el Interior tampoco le ceda la vicepresidencia primera, vacante tras la renuncia de Castillo, hasta este momento.
También porqué no volvió a postular a los que debían renovar sus cargos, caso Ricardo García Fernández, de CUBA, quien en estos dos últimos años fue, junto a Agustín Pichot, quien llevó adelante las negociaciones para instalar al rugby argentino en las competencias internacionales.
Como ya se dijo aquí, si el Pladar fue un punto que unió aún más al Interior, a la URBA la aisló y le provocó fisuras internas que quizá pronto salgan a la luz. De hecho, La Plata ya pidió rever la postura, y se anuncia que otros clubes se sumarían a esa cruzada.
Si Buenos Aires insiste en quedarse solo, el rugby argentino afrontará un problema no menor, pues todavía se trata de la Unión más poderosa del país, más allá de que éste 2009 no le haya arrojado victorias dentro de la cancha. Lo es en números de jugadores, de clubes, de infraestructura y de dinero.
Por eso, es necesario que los clubes, más allá de la independencia que les pertenece, planteen un debate lo más abierto posible, sin dobles discursos, llamando a las cosas por su nombre, escuchando todas las voces y buscando una salida que, sin renunciar a ciertos principios, atienda a las necesidades de todos.
Son horas difíciles y cruciales para el rugby argentino desde la conducción. La asunción de Castillo debe interpretarse como algo más que un hecho estadístico. Ojala se lo entienda
INTRANSIGENCIA – PROFESIONALISMO
La Unión Argentina de Rugby (UAR) anunció el martes su calendario correspondiente a 2010, y el primer torneo, el Campeonato Argentino de Mayores, que arrancará el 27 de marzo, puede significar un nuevo capítulo de polémica sobre la interpretación que se le da al profesionalismo en el rugby doméstico. En la reunión que el lunes último sostuvieron los presidentes de los clubes de la URBA, se decidió que Buenos Aires disputará el Argentino sin los jugadores que estén bajo el régimen del Pladar. No hay nada nuevo en esta determinación. La Unión porteña ya ratificó más de una vez que aquellos que integren el Plan de Alto Rendimiento de la UAR no podrán actuar en sus clubes a partir del 1º de enero. Por ende, tampoco están en condiciones de representar a las Aguilas .
En cambio, el resto de las Uniones del país determinará lo contrario: los del Pladar sí jugarán para las selecciones de sus provincias. De hecho, por ejemplo, Córdoba, defensor del título, incluyó a todos en la preselección. Además, como dato agregado, convocó al back Ramiro Pez, que regresó a La Tablada luego de varias temporadas en Europa, donde vistió la camiseta de Italia.
En esta nueva puja, que en 2010 ya se verá reflejada en la cancha, aparece en escena la modificación que se le hizo al artículo 3 del estatuto de la UAR el día en que se proclamó presidente al tucumano Luis Castillo. La nueva cláusula, que puso fin a sucesivas prórrogas del régimen de excepción, expresa lo siguiente: «El juego del rugby constituirá en el país una actividad amateur practicada exclusivamente por aficionados, quedando expresamente establecido que sólo la Unión Argentina de Rugby podrá contar con equipos seleccionados rentados, excluyéndose de tal posibilidad a los equipos de las uniones afiliadas o invitadas, como a los clubes que las integran».
Tal como está redactado ese artículo, lo que queda bien en claro es que no se permite una competencia profesional dentro del país. Pero no hace referencia a jugadores rentados dentro de las competencias domésticas. Desde Buenos Aires, algunos clubes interpretan que sí, que en ningún certamen interno deben actuar profesionales. Por eso, el Argentino de Mayores puede significar un nuevo desacuerdo entre Buenos Aires y el interior. Claro que habrá que ver si antes no se suceden otros acontecimientos dentro del rugby de la URBA.
Ocurre que en los últimos días los jugadores que forman parte del Pladar empezaron a sostener reuniones y a elaborar estrategias -apoyadas por los Pumas que están en Europa, miembros del cuerpo técnico y ex jugadores- con vistas a tratar de que los clubes de la URBA revean su posición. En febrero habrá una asamblea, y ahí se analizará el pedido que en esa misma vía elevó La Plata Rugby Club, entidad que no estaría sola a la hora de votar.
También en la UAR se realizarán asambleas durante el verano. Una en febrero, en la cual se elegirá el vicepresidente primero, y otra en marzo, donde se avanzará en la conformación de las distintas comisiones y subcomisiones. Seguramente en esas reuniones surja otro tema de polémica que anda dando vueltas en estos días, y que se trata de un contrato firmado entre la anterior conducción de la UAR y la Asociación de Jugadores, que establece un porcentaje para los rugbiers de distintas ganancias que arrojen los Pumas.
Como se ve, al rugby argentino le espera un verano más que agitado. Ahora sí, con el profesionalismo en el centro de la escena. Aunque algunos quieran llamarlo de otra manera.
Fuente JB – Periodismo – Rugby