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Hablando se entiende la gente?

COMUNICACIÓN: qué, cómo, cuándo, dónde, por qué y quién – Primera Parte

Mucho se habla y se debate sobre la importancia de la comunicación. Escuchamos en diversos ámbitos, incluso en el deportivo y concretamente también en los equipos de rugby, que “falta comunicación” en el equipo, que hay “problemas de comunicación”, etc. Se dan por sabidos muchos conceptos, pero vale la pena repasar un poco la teoría.

La comunicación es un proceso donde intervienen varios elementos y también es un resultado: cuando el proceso se produjo satisfactoriamente decimos que hubo comunicación. Como proceso se inicia en el “emisor” , alguien que tiene una idea que quiere transmitir a otra persona. El receptor no es cualquiera, el receptor que nos interesa a los efectos de la comunicación es la persona a quien va dirigido este proceso. También podemos pensar que la comunicación puede ser directa o indirecta en la medida que el mensaje sea transmitido sin o con mediaciones a quien debe recibirlo.

Digamos, entonces, que en el emisor se forma una idea, una idea destinada a que alguien la conozca. Esa idea se forma en imágenes: imágenes visuales, sonoras, táctiles, olfativas, etc. , y para poder ser compartidas con otros es necesario traducirla utilizando un código común a emisor y receptor. Yo puedo tener una imagen muy clara de una mesa en mi mente, pero para poder compartir con otra persona esa imagen, necesito utilizar un código que posibilite que la otra parte, el receptor, pueda, una vez que recibe el mensaje, transformarlo a su vez en una imagen mental.

Es evidente que el código tiene que ser compartido, de lo contrario el proceso no se lleva a cabo. Ambas partes, emisor y receptor, tienen que compartir el código previamente para que el receptor “capte” el mensaje y produzca en su mente una imagen. Entre los seres humanos en general ese código es el lenguaje, un código, por cierto, con limitaciones de todo tipo. A su vez cada grupo humano genera otro tipos de códigos comunicacionales no verbales que sirven para transmitir mensajes, como por ejemplo, las señas, las señales y los símbolos gráficos distintos a las palabras.

Si volvemos al ejemplo de la mesa, yo puedo tener muy claramente definida mi imagen de la mesa, pero cuando hablo de la “mesa” ¿alguno de uds. puede realmente conocer la imagen que tengo en mente? Lo máximo que van a saber es que estoy hablando de una tabla con cuatro patas (y podrían ser tres, cinco o seis y seguiría siendo una mesa), y seguramente cada uno forme una imagen mental propia de la mesa. Para que se vayan aproximando a “mi” mesa, voy a tener que empezar a agregar detalles, descripciones, y si quiero realmente precisión, los detalles tendrán que ser muchos, y aún así difícilmente las imágenes coincidan en su totalidad.

Claro, si alguno de los que están leyendo conoce mi casa y le digo que la mesa es como la de mi cocina, las cosas se simplifican mucho ¿no?

En la utilización del código, del lenguaje, hay muchos factores que van a facilitar o dificultar la codificación y decodificación del mensaje: pertenecer a un mismo grupo social facilitará las cosas, el conocimiento estrecho también (muchas veces se emplea el término “compartir códigos” para describir personas muy afines) y, fundamentalmente, clarificar y definir términos básicos, ponerse de acuerdo en qué quieren decir determinadas palabras, son esenciales para propiciar la comunicación. El tema generacional es otro de los factores a ser tenidos en cuenta a la hora de pensar la forma de transmitir un mensaje, ya que personas que no comparten códigos verbales propios de una generación pueden utilizar el mismo idioma, pero no la misma lengua, y dificultarse mucho el entendimiento mutuo.

Todo esto ha llevado a los estudiosos de la ciencia de la comunicación a concluir que el proceso comunicacional no se agota una vez que el emisor tradujo su imagen a un código supuestamente común y lo lanzó al espacio. Ni siquiera el proceso termina en el momento que el receptor capta el código. Podemos decir que hay comunicación una vez que el receptor capta el código y puede transformarlo en una imagen mental lo más parecida posible a la del emisor.

Este proceso no es ni fácil ni sencillo, y sin embargo es esencial en cualquier actividad humana.

La comunicación humana no se agota en la utilización del lenguaje. El lenguaje verbal (y vamos a entender como tal también al lenguaje de señas utilizado por los sordos) es uno de los tres componentes de la comunicación. Nos queda aún por mencionar el lenguaje paraverbal y el lenguaje corporal. Sobre estos dos reposa el peso más grande a la hora de comunicar, y, paradójicamente, son sobre los que menos dominio tenemos.

El lenguaje paraverbal se refiere a determinados elementos que acompañan lo verbal y que ayudan a darle sentido a lo que se está diciendo, en especial en aquellos casos donde el código puede tener más de un significado. Si alguien me está hablando y yo de golpe le digo: “Cómo?”, de la única forma que mi interlocutor puede saber a qué me refiero es, en parte, por la entonación que utilizo, a partir de la cual puedo expresar asombro, indignación, curiosidad, expectación, hostilidad o simplemente manifestar que no escuché bien lo que me estaban diciendo. La entonación es una de las formas de lo paraverbal. Pero si mi interlocutor quiere estar seguro sobre mi mensaje y, por ejemplo, determinar si estoy siendo sarcástica o no, no tiene más remedio que examinar mi lenguaje corporal. Una pregunta ingenua, invitando a mi interlocutor a repetir su mensaje, irá acompañado por una actitud relajada y seguramente por un leve arqueo de cejas. Una actitud de enojo o de desafío será delatada por mi tensión corporal o incluso por un cambio en el grado de apertura de los párpados y una elevación del mentón. Otros signos visibles, perceptibles en mayor o menor grado por una persona no muy acostumbrada a la observación de los mismos, son fácilmente reconocibles si prestamos un poco de atención: ceño fruncido, enrojecimiento de las mejillas, dilatación de las pupilas, echar el cuerpo para atrás o para adelante, ocultar las manos de la vista del receptor, etc.

El lenguaje corporal nos informa mucho más de una persona que sus palabras. Es muy rico y no se presta a equívocos tan fácilmente como el lenguaje verbal. Si tuviéramos que asignar porcentajes, muchos se sorprenderán al descubrir que a la hora de analizar la eficacia de la comunicación, el lenguaje verbal se puede llevar entre un 10 y un 20%, mientras que el resto corresponde a lo paraverbal y a lo corporal (la regla de Mehrabian es mucho más estricta aún: 7-38-55, o sea, 7% a lo verbal, 38% a lo paraverbal y 55% a lo corporal)

Lo corporal también es un código que puede aprenderse para “leer” a los demás, en cambio es muy difícil dominarlo sobre sí mismo, ya que está relacionado con aspectos inconscientes y viscerales. Los animales son especialistas en lenguaje corporal, son hábiles lectores de las señales corporales. Cualquiera que tenga un perro en su casa conoce la habilidad de los canes para saber con exactitud en qué estado anímico nos encontramos; para nuestro perro, que nos conoce de memoria, las pequeñas señales corporales que delatan nuestro enojo, nuestra preocupación, nuestra tristeza, no pasan desapercibidas. ¿De qué le sirven estos datos a nuestro perro? Con esta información podrá adecuar su conducta; si todo está bien vendrá a saludarnos, si detecta señales de ira, probablemente se mantendrá a una distancia prudencial. Cuando un perro se esconde porque le gritamos, en realidad no sabe por qué le gritamos, pero sí reconoce perfectamente nuestros signos de enojo (si el enojo es real).

Podemos disimular con palabras, pero siempre nuestro cuerpo nos delata. Algunos problemas comunicacionales serios en las relaciones vinculares tienen su origen en una contradicción entre lo que se dice con el lenguaje verbal y lo que se expresa con el lenguaje corporal. Esa contradicción, esa desincronización es percibida a un nivel más primitivo que el de la conciencia, y a veces es necesario mucho trabajo para poner de manifiesto cuál es el mensaje “real” del emisor. Si en algún momento uds detectan estas contradicciones en su interlocutor, ante la duda, inclínense a confiar más en el lenguaje corporal.

Cuando queremos transmitir un mensaje, parte de nuestra responsabilidad es utilizar herramientas útiles para que el receptor pueda decodificar lo que estamos transmitiendo. La carga más fuerte a la hora de posibilitar la comunicación está en el emisor, contrariamente a lo que se cree, en especial en las relaciones más estrechas. Cuando escuchamos a alguien quejarse diciendo “vos no me entendés”, tenemos que exigirle que purifique el mensaje y, la mayor parte de las veces, tenemos que redefinir los términos más básicos para encontrar elementos comunes simples que faciliten la transmisión de información.

Pero si esto es importante en relaciones complementarias, entre pares, más aún es en relaciones que por su propia naturaleza son asimétricas. Pongo como ejemplo de relaciones asimétricas las relaciones padres-hijos, maestros-alumnos y en lo que a nosotros nos compete, la relación entre el entrenador y los jugadores. En este caso, la carga más fuerte la vamos a asignar al entrenador, quien tiene que conocer en qué estado se encuentra el proceso comunicacional dentro de su equipo, si efectivamente se está produciendo la comunicación, si sus mensajes son entendidos, etc. Sobre estas cuestiones abundaremos en la segunda parte de este artículo.

Algunos habrán escuchado hablar de los cinco axiomas de la comunicación, de Paul Watzlawick. Hoy vamos a mencionar al primero: “es imposible no comunicarse”. Esta frase es tan simple como cierta. No hay manera de no comunicar, y esto alcanza a humanos y animales por igual. Si estoy sentada en el tren, escuchando música con mis auriculares conectados y leyendo un libro, estoy transmitiendo un mensaje muy claro: “no me hablen”. Aún en el caso que el mensaje sea que no me quiero comunicar, estoy comunicando. Piensen los ejemplos que quieran, y van a ver que, hagan lo que hagan, están emitiendo un mensaje claro al mundo. Hagan otro ejercicio: observen a su alrededor y verán que aunque no se utilice el lenguaje, hay muchos mensajes que están siendo emitidos por las personas que nos rodean.

Este es sólo el principio. La comunicación es importantísima dentro de un equipo deportivo, casi me animo a decir que es uno de los factores esenciales para que un equipo funcione. En un deporte cómo el rugby, donde hay reglas complejas, muchas posiciones y funciones, situaciones de lo más variadas, la comunicación es vital. Y si bien la responsabilidad de posibilitarla pesa sobre todos los integrantes del equipo (entrenadores, managers, preparadores físicos, jugadores, psicólogos, etc), la carga más grande se la va a llevar el entrenador. Nuestra misión, como psicólogos, es brindar herramientas que posibiliten la comunicación idónea entre todas las partes, detectar dónde están las fallas en la comunicación, cómo mejorarla, etc. Para eso tendremos en cuenta que los deportistas, en general, son más hábiles comunicando con su cuerpo y que a veces hay que realizar ajustes para que las palabras fluyan. Los receptores, los destinatarios de los mensajes, deben contar con un clima propicio para que se “abran” a la escucha, y también poner su propia voluntad para posibilitar el proceso. A su vez, el entrenador tiene que ser un buen receptor de los mensajes que envían los jugadores y el resto del equipo, para que la información circule. Eso incluye tener ganas de escuchar y de aprender.

En la segunda parte vamos a referirnos a las seis preguntas básicas que tiene que formularse un entrenador a la hora de comunicarse con su equipo: qué quiere comunicar, cómo hacer que el mensaje sea entendido, cuándo es el momento ideal para llevar a cabo la comunicación, dónde es mejor entablar una comunicación, por qué debería o no comunicar algo y quién es el destinatario de lo que quiere transmitir. También vamos a hablar del “ruido”, o sea, todas aquellas cosas que interfieren en la comunicación y que la dificultan, entorpecen o incluso la impiden.

Lic. Inés Tornabene
Psicóloga

Fuente:
www.psicorugby.com
http://www.psicorugby.com/comunicacion.html

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